CHINA SACA EL LÁTIGO EN ÁFRICA
Más que el látigo, lo que China saca en África es el talonario. Y lo hace a través de su Banco de Exportaciones e Importaciones, el Exim Bank, y su política de créditos blandos. Con esos créditos, que gestionan empresas chinas, se financia desde la exportación de cazas a Nigeria y las inversiones en minas de cobre en la República Democrática del Congo y en Zambia, hasta la construcción de centrales hidroeléctricas y presas en Congo-Brazzaville, Etiopía, Zambia, Mozambique y Sudán. En Sudán, calificado por algunas ONG´s como la “primera colonia china en África”, miles de obreros chinos construyen la presa de Merowe, uno de los principales proyectos hidroeléctricos de todo el continente que ha provocado el desplazamiento forzoso de más de 60.000 personas. Esta presa, que centra el artículo “China saca el látigo en África” de Pere Rusiñol, nos sirve de punto de partida para abordar la estrategia “petróleo por ayuda” con la que China adapta su política exterior a las necesidades de su desarrollo interno y a una economía que por quinto año consecutivo crece por encima del 10% anual. DESARROLLODesde su nombramiento como presidente de la República Popular China, el 15 de marzo de 2003, Hu Jintao ha realizado tres giras por África. Sólo en 2006 visitó 17 países africanos y a finales de ese mismo año, en el Foro de Cooperación China-África, al que asistieron 48 jefes de Estado y de Gobierno, prometió elevar el comercio bilateral a 100.000 millones de dólares en 2010; anunció la concesión de préstamos por un valor cercano a los 4.000 millones de euros (a duplicar en 2009) y la supresión de tarifas arancelarias para 440 productos africanos. Dos meses más tarde, en enero de 2007, realizaba otra gira por ocho países del continente, entre ellos, Sudán, con un discurso basado en los cinco principios de Jiang Zemin: amistad sincera, igualdad y beneficio mutuo, desarrollo común con base en el beneficio recíproco, estrecha cooperación y consultas mutuas, y orden pacifico global para el futuro[1]. Cinco principios que algunos analistas resumen con una expresión, el “paquete completo”: inversión en infraestructuras, en el comercio y apoyo político ante la ONU, un modelo alternativo al subdesarrollo crónico. Es lo que China hace en Sudán, país al que compra el 60% de su exportación de crudo. El petróleo y las materias primas, además de la búsqueda de nuevos mercados, impulsan, a mi juicio, la política exterior de China en África. De hecho, son los países africanos ricos en petróleo como Angola, Nigeria y Sudán, los que reciben mayores inversiones. China necesita del continente negro para satisfacer su ingente demanda de recursos derivada de su crecimiento económico, el despegue de su industria y la migración rural hacia zonas urbanas: para 2020, entre 300 y 400 millones de campesinos dejarán de serlo y esto no es cuestión baladí porque cada chino urbano consume tres veces más energía que un campesino, con todo lo que eso supone de cara al ansiado desarrollo sostenible[2]. A cambio del crudo, el China Exim Bank financia o cofinancia con créditos preferenciales proyectos como el de la gran presa de Merowe… pero con condiciones: el 70% de los contratos de construcción financiados por el Exim Bank deben ir a parar a empresas chinas. De hecho, dos de ellas construyen la presa de Merowe, proyecto en el que también participan compañías francesas, alemanas y suizas. Con estos créditos preferenciales, África no sólo abre sus puertas a las constructoras sino a la mano de obra chinas. Según la agencia de noticias Xinhua, unos 750.000 chinos trabajan en África. En Merowe, fuentes diplomáticas apuntan que se trata de presos que viven en lamentables condiciones. Pero según algunas informaciones recogidas por la BBC, aunque están peor pagados que los trabajadores de otras multinacionales, los obreros chinos pueden cobrar entre un 30 y un 400% más en África de lo que ganan en China[3], donde en 2006 el Ministerio de Trabajo estableció los estándares para el salario mínimo en 29 de sus 31 provincias: oscilan desde los 810 yuanes mensuales (102 dólares) en provincias como Shezhen hasta los 270 yuanes mensuales (33 dólares) en Jianxi[4], aunque según la Academia China de Ciencias Sociales, la mano de obra barata comenzará a escasear a partir de 2010. No hablamos de malas condiciones sólo para los adultos, también para los niños. En China, según denuncia Human Rights Watch, el trabajo infantil se disfraza con el programa “Trabaja y estudia”, regulado por el Ministerio de Educación, que anima a las escuelas de zonas empobrecidas a programar actividades económicas y que permite el trabajo peligroso de menores cuando la escuela lo autoriza[5].El trasvase de mano de obra china en África ha levantado recelos: por un lado, impide la contratación de mano de obra local; por otro, dificulta el traspaso de conocimientos a los propios africanos; y por otro, genera acciones violentas y racismo como el asesinato, este año, de 74 personas en Etiopía, nueve de ellas chinas, en la Zhongyuan Petroleum Exploration Bureau[6]. Hay quien apunta que sólo sirve para aliviar el desempleo en China. El African Network on Debt and Development, el AFRODAD, ha denunciado que “en los proyectos chinos, se traen hasta los peones, lo que debería ser un esfuerzo para reducir el paro en África, se queda en esfuerzo para reducirlo en China”[7]. De ahí que algunos analistas afirmen que detrás de estos ejemplos de “cooperación Sur-Sur” hay mucho de retórica y poco de cooperación desinteresada. Lejos quedan ya los tiempos en que China era vista en África como una aliada contra el colonialismo. Tiempos en los que 15.000 chinos acudieron al corazón del África Negra para construir el ferrocarril Tanzania-Zambia, el llamado ferrocarril de la independencia, y romper así el bloqueo económico de Zambia por los racistas de Rhodesia, hoy Zimbabwe[8]. En la actualidad, el motor de la política exterior china no es la ideología sino el dinero. Por esa razón, a la hora de hacer negocio, obvia el genocidio de Darfur, la dictadura de Robert Mugabe al que vende material bélico, o las irregularidades en las elecciones de Etiopía, país al que considera “socio de confianza”. A cambio de su particular “laissez faire, laissez passer”, China obtiene petróleo de Sudán, Nigeria y Angola; uranio y oro de Zimbabwe; madera de Gabón, Liberia, Mozambique y Guinea Ecuatorial; carbón de Etiopía; cobre de Zambia: China es el primer consumidor mundial con un 20% de la demanda global, es decir, 1,6 millones de toneladas; algodón de Benín; cobalto de la República Democrática del Congo; fosfatos de Marruecos; aluminio y diamantes de Sudáfrica; gas natural y petróleo de Nigeria, primer abastecedor de crudo del continente, etc. Sólo en Angola, y a cambio de un préstamo de 2.000 millones de dólares, las constructoras chinas han edificado el Hospital General de Luanda, el Ministerio de Economía, el Palacio de Justicia… y, con ellos, China se asegura un porcentaje de la futura producción de petróleo. No podemos olvidar que Angola es el segundo mayor productor del África subsahariana. En Sierra Leona, han construido el Estadio Nacional, el Parlamento, las represas, los puentes… En Tanzania, el Estadio Nacional de Fútbol, el puente Tanzania-Mozambique, las redes ferroviarias entre Tanzania, Zambia y Angola… a cambio de cobrar en especias. No sólo hablamos de crudo, de minerales y de mercados. China también busca en África proveerse de alimentos: con sólo el 6% de la tierra cultivable del planeta, alimenta al 22% de la población mundial, es decir, la tierra no es un instrumento de producción sino de supervivencia. De ahí, que el XI Plan Quinquenal 2006-2010 para la edificación de un nuevo campo socialista incida en la necesidad de conceder más subvenciones e invertir más en el ámbito rural. El PCCh sabe de sobra que sin desarrollo rural no aumenta el mercado interno y se vive a expensas de la demanda externa. Asimismo, ese desarrollo es vital para mantener el da tong confuciano, la cohesión social, la sociedad armoniosa. Hay que tener muy presente que desde 1979 hasta 2003, el Gobierno expropió 6,6 millones de hectáreas de campo para infraestructuras y construcción. Entre 30 y 40 millones de campesinos perdieron su medio de vida y percibieron a cambio unas indemnizaciones que, en su mayor parte, quedaron en manos de funcionarios y empresarios corruptos. De los 500.000 millones de euros que les correspondían, cobraron 50.000 millones[9]. Para compensar el aumento de la población y la pérdida de terreno cultivable, China se ha introducido en el sector pesquero en Gabón y Namibia, y en la agricultura de Zambia, Tanzania y Zimbabwe. Aunque es precipitado hablar de “neocolonialismo”, hay quien señala, como el presidente sudafricano Thabo Mbeki, el riesgo de caer en una relación colonial con China: “el continente africano exporta más materia prima e importa bienes, lo que nos condena al desempleo, convirtiéndonos simplemente en un suministrador de materias primas. Estoy diciendo que esto es un riesgo potencial en términos de la relación que puede construirse entre China y el continente africano”, sentenció hace un año en El Cairo[10]. Las cifras dan la razón al presidente sudafricano: China compra materias primas y llena los mercados de África con productos de bajo costo que hunden la industria local. Han introducido bicicletas, televisores, móviles y armas aunque la más afectada es la industria textil. En Lesotho cerraron en 2005 diez fábricas textiles, 10.000 trabajadores se quedaron en la calle; en Zambia sólo sobrevive una veintena de fábricas textiles de las 250 que había hace dos décadas; en Nigeria, se han perdido 350.000 puestos de trabajo directos, y un millón y medio indirectos; en Kenia habían cerrado 14 fábricas hasta 2005 y 7.000 personas se quedaron sin empleo, etc.[11] Pero no sólo compiten en suelo africano. China ha perjudicado las exportaciones textiles africanas tras la expiración del llamado Acuerdo Multifibras (MFA), en junio de 2005, que restringía la entrada de artículos en Canadá, Estados Unidos, Unión Europea y Noruega. Desde entonces, las exportaciones chinas se han disparado. CONCLUSIÓNEn 2007, China crecerá por encima del 10% y es el quinto año consecutivo que lo hace, a pesar de las medidas del Gobierno para ralentizar un crecimiento que ha disparado el consumo de combustible. Ya es el segundo consumidor mundial y el tercer importador: compra el 28% de sus importaciones en África. Sólo en Sudán, que produce 310.000 barriles por día de alta calidad, China ha invertido 4.000 millones de dólares en su explotación y producción, construyendo refinerías y oleoductos. 13 de las 15 empresas que operan en Sudán son chinas. No es casualidad que este país vaya a cerrar 2007 con un ritmo de crecimiento del 11%, lo que no impide que el 40% de sus 38 millones de habitantes malvivan bajo el umbral de la pobreza (menos de un dólar al día, según el Banco Mundial). Los chinos también están construyendo la red ferroviaria de Nigeria y han pavimentado más del 80% de las principales carreteras de Ruanda. Sin contar su intención de cancelar unos 1.200 millones de deuda a 31 países africanos, o sus inversiones para combatir el SIDA (cosa que hace con dificultad en su propio territorio) y la malaria. Es el llamado “soft power” que, a mi juicio, es el mejor poder en política exterior. A base de talonario y astucia, China se ha convertido en el tercer socio comercial de África, tras Estados Unidos y la Unión Europea. Decimos “astucia” porque China ha sabido entrar e invertir en países donde la inestabilidad política o las sanciones económicas internacionales ahuyentaban a los inversores, lo que explica, por ejemplo, por qué China se decantó por Sudán y no por el Golfo de Guinea cuando empezó a tener hambre de crudo. La estrategia de separar política y negocios, “la no ingerencia interna”, les reporta buenos dividendos. Entre 2000-2006, el comercio entre África y la Unión Europea creció un 43%, con China en ese mismo periodo se multiplicó por cuatro. China apuesta y apuesta fuerte… porque se juega mucho: en 2006 asignó más de 8.000 millones de dólares a Nigeria, Angola y Mozambique, una cantidad que contrasta con los 2.300 millones que asignó el Banco Mundial para toda África, continente que posee el 9,4% de las reservas mundiales de crudo, un potencial comparable al de Irak. Resumiendo: en 20 años, el consumo de recursos de China se ha multiplicado por 3,6: la demanda de petróleo por 3,7; la de gas natural por 3,2; y la de carbón por 3,4. Entre 1990 y 2001, el consumo de crudo creció un 100% y el de gas un 140%. En las mismas proporciones, ha crecido la contaminación, la deforestación y la desertificación. No sólo dentro de sus fronteras sino fuera: consume, por ejemplo, el 46% de las exportaciones de madera de Gabón; el 60% de Guinea Ecuatorial y el 11% de Camerún.A mi juicio, China es se ha convertido en el mejor socio para África por varias razones: la primera, ha favorecido el crecimiento de África (5,2% en 2005); la segunda, su pasado de apoyo a la lucha contra el colonialismo y su militancia tercermundistas le avalan; la tercera, su defensa a ultranza del principio de no ingerencia en asuntos internos encaja con la política anti-derechos humanos que se practica en la mayoría de países africanos; la cuarta, su posición en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y su derecho de veto son una buena garantía; la quinta, se presenta ante África con una receta propia de éxito económico, alejada del tutelaje del Fondo Monetario Internacional; la sexta, impone una única condición a sus amigos africanos, el reconocimiento de “una sola China”: sólo Chad mantiene en este momento relaciones con China y Taiwán; la séptima, es un importante proveedor de armas: entre 1996 y 2003, las ventas de China al continente africano crecieron un 10% gracias a las exportaciones a Sudán, Guinea Ecuatorial, Etiopía o Eritrea; y la última razón, el apoyo de Pekín a la solicitud africana de contar con dos miembros permanentes con derecho a veto y dos escaños no permanentes en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas es fundamental[12].BIBLIOGRAFÍA / WEBGRAFÍA- AFROL NEWS. “El presidente sudafricano advierte ante los lazos China-África”, 15 de diciembre de 2006. http://www.afrol.com/es/articles/23358 y- BERGARECHE, Borja. “La Unión Europea intenta recuperar terreno en África frente a la ofensiva de China”. 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[1] MARTINS, Dora. “China en el liderazgo de los países subdesarrollados” En: RÍOS, Xulio (ed.) Política Exterior de China. La diplomacia de una potencia emergente. Barcelona: Bellaterra, 2005, p. 261.
[2] POCH, Rafael. “¿Por qué la China rural es importante para el mundo?”. La Vanguardia. 1 de agosto de 2006. http://www.lavanguardia.es/lv24h/20061001/imp_51285590736.html
[3] ZIBELL, Matías. “Chinos en África: por una oportunidad”. BBC Mundo.9 septiembre de 2007. http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/business/newsid_6985000/6985903.stm
[4] XINHUA. “China anuncia el salario mínimo de 29 provincias”. 28 de agosto de 2006. http://www.spanish.xinhuanet.com/spanish/2006-10/28/content_336401.htm
[5] EFE. “Una ONG pide al Gobierno chino la abolición del trabajo infantil en escuelas públicas”, 4 de diciembre de 2007. http://www.elmundo.es/elmundo/2007/12/04/solidaridad/1196767053.html
[6] REINOSO, José. “El ataque a una petrolera china en Etiopía causa 74 muertos”. El País. 24 abril 2007. http://www.elpais.com/articulo/internacional/ataque/petrolera/china/Etiopia/causa/74/muertos/elpepiint/20070425elpepiint_18/Tes
[7] POCH, Rafael. “China en África: una nueva realidad”. La Vanguardia. 1 de julio de 2007. http://www.lavanguardia.es/lv24h/20070701/imp_51369121752.html
[9] POCH, Rafael. “El robo del siglo” La Vanguardia. 22 de febrero de 2006. http://www.lavanguardia.es/lv24h/20060222/51243793691.html
[10] AFROL NEWS. “El presidente sudafricano advierte ante los lazos China-África”, 15 diciembre de 2006. http://www.afrol.com/es/articles/23358
[12] GARCÍA, Carlota. “La política africana de Pekín: ¿oportunidad o negocio? Real Instituto Elcano. 1 de marzo de 2006. http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/Elcano_es/Zonas_es/Africa+Subsahariana/ARI+27-2006