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CHINAMANIA

CHINA: LA ASCENSIÓN DE LA REALPOLITIK

El Gobierno chino y el PCCh tienen entre sus manos un gran cubo de Rubik. La rapidez de movimientos y la habilidad son esenciales para moverse por el tablero de la política internacional: un rompecabezas que, al igual que el cubo del arquitecto húngaro Ernö Rubik, sorprende por la complejidad de las combinaciones. Combinaciones que para China deben basarse, al menos de momento, en la coexistencia y emergencia pacíficas con una sola excepción: Taiwán o la provincia renegada, según la línea dura de Pekín. La ecuación es sencilla: mayor conflicto internacional, menos desarrollo; menos desarrollo, mayores problemas internos; mayores problemas internos, más cuestionamiento del monopolio del PCCh. En 1987, Deng Xiaoping se lo resumía de esta manera a Alfonso Guerra: “para lograr la modernización y aplicar la política de reforma y puerta abierta necesitamos estabilidad política y unidad en casa y un entorno internacional pacífico”, basado en la oposición a la hegemonía y la preservación de la paz[1]. Han pasado 20 años desde entonces y el reto sigue siendo el mismo aunque la propia modernización ha ido añadiendo dificultades: las diferencias de renta campo-ciudad y costa-interior y, por ende, todo lo que eso significa en la prestación de servicios sanitarios, educativos, pensiones, etc; endeudamiento, con el consiguiente cierre o privatización de las empresas públicas, que hipotecan con créditos irrecuperables a la propia banca; paro; envejecimiento de la población; corrupción; deterioro medioambiental… China es consciente de que el dispositivo para activar la bomba de relojería interna está en manos de su política exterior, de ahí que esta última se sustente en el pragmatismo de orientación económica y no en la ideología. La ideología no engrasa la economía ni legitima el poder del PCCh. Los mercados, el capital, la tecnología de los países avanzados se consiguen de otra manera. La coexistencia pacífica es una de las armas para construir el camino de la llamada “sociedad armoniosa”. Francisco Haro Navejas lo expone así: “En la medida en que los intereses MATERIALES chinos se multiplican aumentan los involucrados en política exterior (…)[2]. Fundamental ha sido, por tanto, el ingreso de China en el Consejo Permanente de Seguridad de la ONU (1971), en detrimento de la delegación taiwanesa, y la entrada en la OMC en diciembre de 2001, tras quince años de negociaciones. No es casualidad, pues, su participación en operaciones de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas en diez países como tampoco es casualidad que por primera vez un general de brigada chino, Zhao Jingmin, lidere la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental, la MINURSO[3]. Valiéndose del orden internacional, y no enfrentándose a él, China ha ido estableciendo vínculos tanto con los países desarrollados como subdesarrollados. Y lo ha hecho no con la fuerza de un dragón sino con la sutiliza de una araña, tejiendo relaciones de solidaridad, cooperación y dependencia mutuas: en la actualidad, su mediación es necesaria en crisis como las de Darfur en Sudán, Irán o Corea del Norte (“los labios que protegen los dientes”). El tablero internacional ha convertido en obsoleta la máxima de Deng Xiaoping “No portar la bandera ni encabezar la ola” a pesar de que, como señala Dora Martins, China no quiere ver su nombre unido a la palabra “liderazgo” por temor a que recobre fuerza la “teoría de la amenaza china”. Dora Martins refuerza su argumento con una sentencia de Deng: “Muchos amigos me han dicho que China es el líder del Tercer Mundo pero nosotros decimos que no lo podemos ser. No es viable ser el líder, es negativo ser el líder (…) Esto no es falta de cortesía sino una verdadera consideración política”.Lo de China es el “soft power” porque sabe que su peor enemigo no es Estados Unidos, Japón, India o Taiwán sino la inestabilidad política. Como señala Fernando Delage, “mas que intentar cambiar el sistema internacional, lo que está demostrando es una gran capacidad para utilizarlo de manera que responda a sus propios objetivos”[4]. Y esos objetivos, además de buscarlos en USA a través del llamado “partenariado estratégico” (1992), los persigue en los países de las tres “A”: África, América Latina y Asia, y también en el mundo árabe y en la Unión Europea, esta última representa hoy en día el único contrapeso a la hegemonía estadounidense. En los países de las tres “A”, China va desplegando sus nuevos recursos diplomáticos en distintos foros, como el de Cooperación China-África o el G-22 que lidera junto a Brasil e India (Conferencia de Cancún) o la Cumbre Especial de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático, la ASEAN: de hecho, fue el primer país no miembro que se sumó al tratado de amistad y cooperación de la organización; o la Organización de Cooperación de Shanghai. A comienzos de noviembre, precisamente, el primer ministro chino Wen Jiabao participó en la VI Reunión de primeros ministros de los estados miembros de la Organización de Cooperación de Shanghai, en la que todos destacaron la necesidad de mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos y desarrollar sus economías, además de combatir las “tres fuerzas del mal”: terrorismo, separatismo y extremismo[5]. Gracias al “soft power” mantiene relaciones con 46 de los 53 países de África; se ha convertido en el socio alternativo a Estados Unidos en Latinoamérica: ya en 2004 Hu Jintao anunció que su país destinaría a América Latina una inversión directa de unos 100.000 millones de dólares en la próxima década; ha obtenido el estatuto de economía de mercado por parte de la ASEAN; y ha firmado un histórico acuerdo con India para formalizar “una asociación estratégica para la paz y la prosperidad”[6].  Todo esto le reporta más aliados, más relaciones comerciales, más mercados y más recursos energéticos para alimentar una economía que crece por encima del 9% anual y que es dispar en el reparto: el índice Gini, que mide las desigualdades, pasó del 0,24 en 1990 al 0,44 en 2005. En otras palabras, China es la sociedad con mayores desigualdades de Asia. Y eso, a pesar de que el Gobierno comienza a tomar medidas: ya en el año 2000 reformó el sistema de impuestos en el campo y rebajó la carga fiscal de los campesinos en un 30%, rebaja que comenzó en la provincia de Anhui y que se extendió a toda China en 2003. En años más recientes, 2006, la APN anunció la creación de una “nueva agricultura socialista”, lo que en la práctica supone: eliminación de los impuestos agrícolas; subsidios a la producción de cereales; aumento del gasto en educación y sanidad; y más gasto en infraestructuras. Como advierten los analistas, China tiene que crear 25 millones de empleos/año para afrontar el paro provocado por el cierre de las empresas públicas, para dar salida a los que buscan su primer empleo y para absorber la mano de obra que emigra del campo a la ciudad: entre 1978 y 2000, se calcula que entre 150 y 200 millones de personas emigraron a las zonas urbanas Es crucial para contener las protestas internas que en 2005 llegaron a 85.000. Como señala Susan L. Shirk[7], y cita Fernando Delage en su artículo “El nuevo contexto de la política exterior china”: “Si China no mejora su capacidad de gobernabilidad, el auge económico del país podría detenerse afectando así a su posición internacional. El contexto interno es por ello la dimensión que probablemente más influirá en el curso que tome la política exterior china en las próximas décadas”.Que las cosas le vayan bien, evidentemente, no es bueno sólo para China. Este país en vías de desarrollo, que ni siquiera pertenece a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), lleva años tirando de la economía mundial. Ya en 1996, no devaluando el yuan, evitó que la crisis financiera asiática se transformara en una crisis global de consecuencias impredecibles. De China depende, por ejemplo, que la inflación mundial se mantenga estable, a pesar de su constante demanda de petróleo y materias primas: mantiene baja la inflación gracias a las exportaciones baratas y a que los salarios en Occidente se ven presionados a la baja debido a la amenaza empresarial de deslocalizar en China. Igualmente, por ejemplo, con la compra de deuda pública estadounidense, ayuda a financiar las guerras de Estados Unidos, mantiene bajo el tipo de interés de los títulos estadounidenses y de paso “controla” y “frena” los movimientos de USA sin necesidad de enfrentamientos. Como señala Seán Golden, “la ineludible interdependencia económica producida por los procesos de la globalización involucra a China en las interdependencias de la gobernabilidad internacional en la era de la globalización”[8].El progreso económico y la estabilidad atan los intereses de todos los actores, incluido Taiwán: gran parte del milagro económico chino radica en las inversiones procedentes de Hong Kong y Taiwán, dos de los cuatro tigres asiáticos. En 1995 la inversión de ambos en China suponía dos tercios del total porque, como señala Eugeni Bregolat, aunque la isla prohíbe el transporte directo con la República Popular, la mayor parte del comercio y de la inversión taiwaneses se canalizan a través de Hong Kong. Según el Financial Times, a mediados de 2006 la inversión acumulada taiwanesa en la China continental ascendía a 150.000 millones de dólares. Asimismo, un 57% de las exportaciones de China en 2004 provenían de empresas de capital extranjero o joint-ventures, la mayoría, de Hong Kong y Taiwán. Resumiendo: a pesar del Partido Democrático del Progreso de Taiwán y de la guerra dialéctica, a mi juicio, el conflicto armado es una posibilidad remota mientras impere el pragmatismo y la Realpolitik. China necesita de un entorno tranquilo para garantizar su desarrollo y su seguridad.Basta consultar el site del ministerio de política exterior chino para comprobar que, por ahora, defiende un nuevo concepto de seguridad, basado en la oposición de las alianzas militares, en la defensa de los mecanismos de cooperación y en el multilateralismo. En un documento titulado “Política exterior de paz bajo el principio de independencia y autodecisión de China”, se recalca: “la activa participación de China en las actividades diplomáticas multilaterales constituye una fuerza firme en la defensa de la paz mundial y la estabilidad regional”. La expresión beneficio mutuo o  recíproco aparece al menos en cuatro ocasiones, además de otras como “desarrollo económico”, “seguridad económica”, “estabilidad financiera”, “prosperidad común” y “desafíos comunes”[9]. Ahora bien, señala Fernando Delage, hay analistas como Avery Goldstein que califican esta estrategia de la “coexistencia pacífica” como la “estrategia de la transición, que se ajusta “a las exigencias de una China en ascenso” y que le permite crecer en esta era de la unipolaridad de Estados Unidos, “pero no una estrategia diseñada para guiar a China una vez que se haya consolidado como potencia, en unas circunstancias que serán muy diferentes”[10].En definitiva, y recapitulando, China diseña su política externa tomando como ingredientes sus circunstancias políticas, económicas y sociales internas, además de su relación con Estados Unidos y sus vecinos de Asia. Basa su acción diplomática en la teoría de la “emergencia pacífica” formulada por Deng Xiaoping y en el principio de “coexistencia pacífica” que se opone radicalmente a la manera de prosperar de otras naciones modernas como Japón o Alemania, países que quebraron la paz mundial. Como de esa coexistencia se deriva, según el Gobierno chino, la “prosperidad común” y el “beneficio mutuo”, ofrece a los países subdesarrollados, por ejemplo, infraestructuras y ayudas al desarrollo a cambio de materias primas y fuentes de energía. Un trueque que le permite seguir creciendo a ella y al mundo, al tiempo que intenta combatir las desigualdades en su propio territorio. Como señala Bregolat, “resulta irónico que los capitalistas occidentales se estén beneficiando del desarrollo económico del mayor país comunista del mundo”. Dentro del juego de relaciones multilaterales, considero aceptable la celebración de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008 así como la celebración de la Exposición Universal de Shanghai en 2010. Creo que ambos eventos pueden ayudar a reforzar un escenario internacional en paz y a mejorar las relaciones de China con sus vecinos lejanos y cercanos, al igual que la organización del Mundial de Fútbol de 2002 por parte de Corea del Sur y Japón ayudó a flexibilizar la relación entre ambos.  BIBLIOGRAFÍA / WEBGRAFÍA

- BREGOLAT, Eugeni. La Segunda Revolución China. Barcelona: Destino, 2007, pp. 40-41.

- BUENO, Rafael. Política exterior y seguridad. Dinámica actual y retos para el futuro. Barcelona, UOC, pp. 58 -60.

- [1] DELAGE, Fernando. “El nuevo contexto de la política exterior china”. Real Instituto Elcano.

http://avalon.utadeo.edu.co/comunidades/grupos/asiapacifico/uploads/nueva_politica_exterior_china.pdf

GOLDEN, S. [1] “La política exterior de China: ¿más y otra?”. Observatorio de la política de China, p.5.

www.politica-china.org/wp-content/uploads/2006/11/Política%20china%20más%20y%20otra%20pdf.pdf

- MARTINS, Dora. “China en el liderazgo de los países subdesarrollados”. En: RÍOS, Xulio (ed.) Política Exterior de China. La diplomacia de una potencia emergente. Barcelona: Bellaterra, 2005.

-  “La política exterior de China: ¿más y otra?”. Observatorio de la política de China, p.6.

www.politica-china.org/wp-content/uploads/2006/11/Política%20china%20más%20y%20otra%20pdf.pdf

- “Nombra ONU por primera vez a un chino comandante de fuerza de pacificación”.  18/09/2007.

http://www.spanish.xinhuanet.com/spanish/2007-09/18/content_490790.htm

- “Gira de Wen, manifestación de la política exterior china de paz y desarrollo”. 07/11/2007.

www.spanish.xinhuanet.com/spanish/2007-11/07/content_518641.htm

- “Política exterior de China bajo el principio de independencia y autodecisión de China”. 24708/2003.http://china-japan.org.cn/esp/wjdt/wjzc/t25297.htm



[1] BREGOLAT, Eugeni. La Segunda Revolución China. Barcelona: Destino, 2007, pp. 40-41.

[2] “La política exterior de China: ¿más y otra?”. Observatorio de la política de China, p.6.

www.politica-china.org/wp-content/uploads/2006/11/Política%20china%20más%20y%20otra%20pdf.pdf

[3] “Nombra ONU por primera vez a un chino comandante de fuerza de pacificación”.  18/09/2007.

http://www.spanish.xinhuanet.com/spanish/2007-09/18/content_490790.htm

 

[4] DELAGE, Fernando. “El nuevo contexto de la política exterior china”. Real Instituto Elcano.

http://avalon.utadeo.edu.co/comunidades/grupos/asiapacifico/uploads/nueva_politica_exterior_china.pdf

[5] “Gira de Wen, manifestación de la política exterior china de paz y desarrollo”. 07/11/2007.

www.spanish.xinhuanet.com/spanish/2007-11/07/content_518641.htm

[6] BUENO, Rafael. Política exterior y seguridad. Dinámica actual y retos para el futuro. Barcelona, UOC, pp. 58 -60.

[7] SHIRK, Susan. China: Fragile superpower. How China´s Internal politics could derail its peaceful rise. Nueva York: Oxford University Press, 2007. (Citado por Fernando Delage en su artículo “El nuevo contexto de la política exterior china”.

[8] GOLDEN, S. [8] “La política exterior de China: ¿más y otra?”. Observatorio de la política de China, p.5.

www.politica-china.org/wp-content/uploads/2006/11/Política%20china%20más%20y%20otra%20pdf.pdf

[9] “Política exterior de China bajo el principio de independencia y autodecisión de China”. 24708/2003.

http://china-japan.org.cn/esp/wjdt/wjzc/t25297.htm

[10] DELAGE, Fernando. “El nuevo contexto de la política exterior china”. Real Instituto Elcano.

http://avalon.utadeo.edu.co/comunidades/grupos/asiapacifico/uploads/nueva_politica_exterior_china.pdf

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